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Todo comienza
cuando Arturo “El Riberón”, uno de los últimos habitantes perennes “del
Altillo”,a primera hora de la mañana avista al protagonista de la
historia(una cría de cigüeña) sobre el tejado de la Iglesia totalmente
inmóvil y como agazapada víctima del miedo; ha caído desde el nido ubicado en
la torre. Sobre las nueve y media de la mañana cuando al cruzarme con Arturo
este me cuenta lo sucedido por lo que subí a las últimas casas de la calle
Altillo desde donde se divisa el tejado de nuestra Iglesia, comprobando que
aún esta ahí de la misma forma descrita por el mencionado; la suerte se alía
conmigo al localizar en el bar “San José” a Jesús Fernández, constructor que
anda realizando obras en la
Iglesia por lo que tiene una llave de esta, al contarle lo
ocurrido, decididos nos fuimos a rescatar al polluelo accediendo por el
campanario; es Jesús por su experiencia en romper menos tejas quien se
desplaza a través del tejado cogiendo
el ave mientras yo doy apoyo logístico en la cúpula del Altar para ayudar a subirlo
al campanario.
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Después de unos minutos sobre la Iglesia debatiendo
formas para devolver al cigüeño a su nido, es descartada la opción por ver la
empresa un tanto arriesgada para nuestro protagonista y sus dos hermanas,
temiendo que se espanten al vernos tan cerca, es por lo que decidimos bajarlo
a la calle y llamar al Centro de Recuperación
de Fauna Silvestre y Educación Ambiental “los Hornos” de Sierra de
Fuentes para que determinen lo que hay que hacer con él. Ya en tierra firme
el polluelo algo débil, una vez de pie se muestra muy tranquilo y dócil, se
deja tocar como si fuera normal para él, al cabo de unos minutos campa a sus
anchas por las terrazas municipales rodeado de vecinos curiosos y
fotografiándose como si de una
estrella se tratara. Al cabo de varias horas se presenta un chico joven
empleado del Centro de recuperación para llevarse a nuestro protagonista y
poder ayudarle a recuperarse. Las últimas noticias hablan de que está
iniciando sus primeros vuelos cosa que nos llena de alegría y satisfacción.
Autor del texto: Luis M. Tena
Triviño, "El NENE"
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