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El carro del Piyayo

 

Esta historia sucedió allá por el año 59-60 en la noche de Fin de Año. En aquella época se celebraba en la IglesiaLa Hora Santa”. Cuando acabó, pasadas las 12, nos fuimos al casino de Molinilla a hacer tiempo antes de irnos a la cama y a alguien se le ocurrió la idea de ir felicitar a los manueles. Pusimos un duro cada uno de los que estábamos allí: Rafael Calderón, Juanillo, Antoliano, Rafa de la Amparo, Jesús de Molinilla, Quico de la Pepona, Justo y algunos más de los que no me acuerdo. Cuando llegábamos donde vivía alguno y le cantábamos la canción:

“Danos un chorizo

danos un jamón

danos una peseta

señor Manolón

 

 y esperábamos que nos diera algo. Por cierto que llegamos a la casa del padre de la Vicenta y como no nos abrió nos llevamos la bombilla. Conseguimos algunas pesetillas con las que compramos una arroba de vino y una botella de anís. El del bar no nos quiso poner el vino en una  garrafa, por si se rompía, y tuvimos que echarlo en un cántaro.

 

 

Al pasar por la puerta del Piyayo  vimos el carro que éste tenía para traer el pan de Castuera. Creo que fue Rafael el que dijo:-”Venga, vamos a dar una vuelta con el carro”.Unos encima y otros empujando llegamos hasta el molino de Norberto donde nos tomamos un vino con los molineros. Luego entramos por la Roda, subimos por el Altillo y bajamos hasta la calle Corredera. Cuando iniciábamos la bajada por la Calleja  se asomó a la ventana de Antoliano  Víctor, el alcalde, gritando: “Quieto todo el mundo”.

 

 

Algunos se quedaron quietos y la mayoría pusimos pies en polvorosa.

 

 

Llamó a los municipales y les ordenó que fueran a buscar a los que habían corrido.

 

 

Al soltar el carro  se estrelló contra la pared de Antonio José y al ruido salió el Piyayo en calzoncillos y la emprendió a bofetadas con los estaban allí . Yo llegué a mi casa y me metí en la cama. A los 20 minutos llamaron a la puerta. Antonio Maria, el municipal.- “Que dice el alcalde que para el Ayuntamiento”.

Allí fuimos llegando todos pero faltaban unos pocos…Rafael, Juan….y preguntamos porqué ellos no venían. –“Están arriba, como no corrieron”, nos contestaron.

 

 

Nosotros los que corrimos en la puerta pasando frío y ellos calentitos en el brasero. Lentamente se consumió la noche y llegó el día de Año Nuevo.

 

 

Pasamos la mañana como pudimos y al llegar la tarde Rafael Calderón se escapó y se fue a pasear con su novia ante la envidia de todos. Mira por donde se encontró el alcalde que le dijo: “¡Tu que haces aquí, venga al Ayuntamiento con los otros!”. Regresó con nosotros, pero cuando le pareció bien.

 

 

 D. Vicente, el cura, proyectaba una película en el casino de Molinilla con la que recaudaba fondos para la Iglesia y algunos de nuestros padres hablaron con D.Manuel “El Correíllo”, padre del alcalde, para que intercediera ante su hijo y nos dejase en libertad. Por fin Víctor cedió y nos soltó sobre las nueve de la noche con la condición de que en asistiéramos a la película.

 

 

Al día siguiente nos llegó a cada uno una multa de 25 pesetas destinadas a costear el arreglo de los desperfectos del carro (no tenía ninguno) y lo que sobrara iría destinado a los fondos de la Iglesia.

 

 

Benquerencia 2.006

 

Víctor Matías Sánchez

 

 

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