Recuerdos y notas para una historia de Benquerencia
Juan Antonio Morillo Acedo(Agustín)
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Mis
recuerdos de los años cuarenta se pueden resumir: 1.-En lo familiar: Viviendo en la calle Corredera que era la entrada
del pueblo con mis padres y a temporadas con mí hermana que solía irse
grandes temporadas con nuestro tío Feliciano (sacerdote) al pueblo de
Villaralto (Córdoba). A mi padre trabajando en el campo y a mi madre de ama
de casa. Recuerdos de mi
abuela “La cortijeña) inválida a la que cuidaban mi tía Paulina y mi padre. A
mi tía Paulina casi siempre recordando a sus hijos, Rafael, Mari y Pilar, a
los que le había perdido la pista porque se los llevó su exmarido y ganándose
el sueldo diario ayudando a las que venían a cocer el pan en el horno de mi
abuela. Era costumbre de hacer una hornada de pan cada 15 días aproximadamente, con aquellos panes de unos 2
Kilos de peso y se guardaban en una tinaja de barro para conservarlos. Los
hornos eran privados y sólo había unos cuantos en el pueblo hasta que “LOJA”
hizo uno público en lo que hoy es el Mesón. El de mi abuela lo alquilaba y le
daban 1 torta (de masa no fermentada) y 1 pan y la leña la tenía que poner el
que alquilaba. Allí en la casa de mi abuela “La
Cortijeña” pasaba muchos días jugando con mi primo Manolo y no es de extrañar
que fuera allí la noche que me levanté “sonámbulo” cuando tenía unos cinco
años sobre las once de la noche y fui dormido hasta la casa de la Roda y mis
padres cuando fueron a acostarse se dieron cuenta de que no estaba y salieron
a buscarme por las calles y una pareja de novios (Un hijo de CALDERÓN que era
carpintero) que estaba en una puerta me vio pasar y se lo dijo a mis padres
que fueron hacia allí y me encontraron cuando venía de vuelta. Sólo recuerdo
cuando me desperté en brazos de mi padre (anduve como unos 800 metros por
tres calles). Del resto de
familiares paternos solo contactos frecuentes con mi tía Guadalupe que nos dejaba
coger esas moras exquisitas del moral de su corral. De los familiares de mi
tío Diego solo cuando venían algunas veces desde Piconcillo (Córdoba) que
eran donde ellos estaban llevando una finca arrendada de mi abuela. De los familiares maternos a mi tía María y al resto
algunas veces a mi tío Agustín (El CUCO) que vivía en Monterrubio y a sus
hijos Sabina y Juan Antonio. Otras veces cuando iba a Villaralto donde estaba
mi tío Feliciano el cura que vivía con mi abuelo JUANPURO, mi hermana, mis primos
Juan Antonio y Sabina. Recuerdo a mi abuelo sembrando su tabaco en el corral
y secando las hojas de tabaco que luego picaba para fumar en unos cigarrillos
liados, su genio gruñón y tomando mucho bicarbonato. |
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2.-En lo laboral: Los recuerdos de
estos años eran los de un niño de unos seis a ocho años. Referidos a mi padre marchándose a
trabajar en el campo con los mulos que tenía y los guardaba en la casa de mi
abuela. Trabajaba de todo porque las tierras que teníamos las labraba él y se
ayudaba con algunos peones en épocas de siega o recogida de aceitunas. En
estos años ya me familiaricé con los términos de los nombres de las fincas
que teníamos como: -Los Cotos. De olivos
y frutales. -Virginal, Hoyos,
camino de Monterrubio, Escunillas,
Rayas, las Vegas, La Moranja, las parcelas del
Bercial y la Solana que eran pequeñas tierras de una o
varias fanegas que se dedicaban al cereal de
secano y las legumbres. -La cerca de la
“Muña”...etc.. Acompañé a mi padre algunas veces y
mientras él trabajaba yo cuidaba de una cabra aunque también recuerdo que
había un pastor del pueblo que todas las mañanas iba por las calles
recogiendo las cabras y las llevaba a pastar todo el día por una cantidad de
dinero. Tocaba un caracol y al sonido del caracol se sacaban las cabras a la
calle. Pasaban todo el día pastando y ya las traía por la tarde. Recuerdo el coger aceitunas, rebuscar
espigas y garbanzos que luego cambiábamos por garbanzos tostados de una
señora que pasaba por la calle cambiando una lata de tostados por dos sin
tostar. Cuando íbamos a recoger el aceite en el Molino y llevábamos un pan
grande para hacer tostadas con los molineros que se untaban con aceite recién
sacado. La recogida de fruta y castañas. La recogida de trozos de herradura o
hierros que cambiamos por algarrobas de un hombre que pasaba recogiendo
hierro. A mi madre de ama de casa que algunas
veces también iba a coger aceitunas y preparar la merienda de mi padre y
arreglando la casa, lavando y cosiendo todos aquellos remiendos de los
pantalones de pana. Recuerdo
mis primeros tiempos en la Escuela con D, Valeriano con esas muestras que nos
ponía en la “pizarra” y las hacíamos con pizarrines duros y blandos y luego
se borraba con un trapo. Los tinteros y las plumas que se mojaban duraron hasta mediados de los años
cincuenta. El libro de “Rayas” donde aprendí a leer. Recuerdo escribiendo la
fecha del año 1948. |
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3.-En lo
político: De los recuerdos políticos
sólo el canto del Cara al Sol en la Cruz de los caídos de la Iglesia. Como
Alcalde a Victor del Correillo que era una familia enfrentada políticamente
con unos primos “Los Conductores”. Vi también
los apresamientos de personas contrarias a Franco “Los Maquis” (Mi vecino
Eduardo de la Elisa) que estuvo preso unos días. Un pueblo dividido por la resaca de la
guerra civil y donde medio pueblo no se hablaba con el otro medio y los
enemigos de tus padres eran también tus enemigos. No solía haber
manifestaciones políticas ni incluso había Falange. El Ayuntamiento tenía un pregonero al
que le gustaba comer las guindillas picantes y que iba por las calles y al
toque de una trompeta decía los bandos del Ayuntamiento y se solía también
hacer para otros acontecimientos. Por las noches avisaba de las siguientes
cosas: -EL pago
de la contribución. -Las
visitas del veterinario. -La
llegada del camión del racionamiento.
-Otras cosas.
-También si llegaba un camión a vender en la
plaza. Recuerdo las “cartillas de
racionamiento” porque un día mi madre me mandó con una cartilla a por la
ración que tocaba esa semana que era un kilo de azúcar y dos kilos de alubias
en el comercio de José Puchas. Me dijo mi madre los vales que me tenían que
cortar para que no me engañaran y fui todo el camino desde casa al comercio
repitiendo “un kilo de azúcar y dos kilos de alubias”. Cada cierto tiempo
venía un camión con alimentos que depositaba en dicho comercio, en el de
Gironza y en el de Pizarro (padre de mi amigo PEPE LUIS). También recuerdo el racionamiento del
tabaco porque cada hombre tenía una cartilla y le daban una ración de tabaco
para todo el mes que recuerdo los paquetes de tabaco picado unos más grande y
otros más pequeños con librillos de papel para liar los cigarrillos. Mi padre
como no fumaba el tabaco que le daban mi madre lo revendía a fumadores como
Floro el del horno de ladrillos. Otra norma política era el que los
fumadores no podían llevar tabaco al campo en el verano por temor a los
fuegos que pudieran provocar al tirar las colillas. Se justificaba porque las
escasas cosechas había que salvarlas. La Guardia Civil registraba a los
hombres que iban al campo pero ellos lo escondían de muchas maneras. Recuerdo que en el pueblo un día se
corrió el rumor de que al día siguiente venían los de la “Fiscalía” y mis padres
escondieron los costales de trigo (que era lo que buscaban) en un escondite
del “doblao” de mi abuela que era como una habitación que tenía empotrada una
pequeña tinaja donde se guardaba el dinero y en la habitación el trigo. Luego
se cerraba con una pared. También recuerdo que ese día en mi casa mis padres
pusieron dos costales de trigo como un colchón en la cama. Otro recuerdo de estos años es que un
día iba a casa de mi abuela y nos juntamos varios niños en una calle a la
espalda de la casa de Norberto y estábamos formando mucho jaleo y llegó
Antonio María Treviño (el Municipal) y nos dijo que no formáramos jaleo
porque iban a venir los “coreanos” y posteriormente lo asocié a la Guerra de
Corea (1948).
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4.-En lo social: Mis recuerdos de estos años son de juegos infantiles con mi
primo Manolo y los niños de nuestra edad por toda la sierra del Castillo.
Recuerdo aún un taco de madera con una cuerda que era mi camión, el palo de
la escoba mi caballo, las cáscaras de nueces mis barcos y las chapas. Mis primeros años de la escuela con D.
Valeriano y otros maestros idóneos del pueblo como Alberto donde nos
afanábamos en que no se apagaran los pequeños braseros de latas de conserva
que llevábamos de nuestra casa y derramar los tinteros de las mesas
rellenados con una tinta que hacía el maestro con polvos y agua en una
botella y escribíamos con una pluma de gallina y en una pizarra con un trapo
para borrar con escupitajos las muestras que nos ponía el maestro. Los juegos
del trompo, la rueda, pídola, “zurrumento”, la mocha y policías y ladrones.
Las meriendas de tocino y pan, aceitunas y pan o en otras épocas los higos
pasaos ... etc... Hay que reconocer que en aquellos años se pasaba hambre. La fiesta de los nuevos “Quintos” que se
encerraban en una casa todos los del pueblo de esa quinta y lo celebraban por
lo alto. Las bodas donde había la costumbre de
que la novia una semana antes enseñara el “AJUAR” y el día de la boda el
novio y la madrina iban a recoger a la novia a su casa y desde allí dirigirse
a la Iglesia (Ntrª Srª de la Asunción) con toda la comitiva de invitados, al
salir de la Iglesia los “chiquillos” le cantábamos al padrino:
“Padrino roñoso
echa mano al bolso,
échalo padrino
y no te lo gastes en vino”. El padrino nos tiraba puñados de
“calderilla” (céntimos) y todos los niños nos tirábamos por los suelos a
recogerlos. Después nos íbamos al convite que siempre se celebraba en casa
del novio y consistía en ir pasando bandejas de dulces hechos en casa
(magdalenas, perrunillas, rescardones y
roscos fritos con azúcar etc.) altramuces y garbanzos tostados y los
invitados ponían en un pañuelo atado por los picos para llevar alguno a casa
y las bebidas eran unas copas de vino de pitarra y de anís en el mismo vaso y copa que pasaba de uno a
otro. Al final pasaban los invitados por la mesa de los novios y echaban
dinero en una bandeja (5 pesetas, 25 y 50 pesetas los allegados). Duraban las
bodas dos días (Boda Y Tornaboda) para los familiares y luego al día
siguiente tenían los novios que subir al “Castillo de los Moros” porque había
un dicho que los que no subían se llevarían mal en el matrimonio porque así
había ocurrido con matrimonios que se llevaban mal. Recuerdo que mi madre, amiga de hacer
favores, les prestaba para hacer las bodas utensilios de cocina y a los
novios los avalaba para que pudieran comprarse en el Bazar de Manolito Rey en
Castuera los muebles que luego pagaban a plazos. Recuerdo de la última “Cencerrada” que
se dio en el pueblo a una pareja de “arrejuntaos” (Una soltera y un viudo) en
el barrio del Altillo. El grupo de jóvenes mayores que nosotros se enteraron
de eso y recuerdo que los mas pequeños nos fuimos con ellos y en silencio nos
acercamos a la puerta sobre las 11 de la noche y empezamos a tocar con latas
y cencerros. Salieron a pegarnos y salimos corriendo. Creo que fue la última
cencerrada que se dio en el pueblo. En el verano en tiempo de las “eras” los
hombres permanecían día y noche guardando y trabajando con la “trilla” cosa
que nos gustaba mucho a los niños el montarnos encima del trillo dando vueltas
alrededor de la “palva”. Las mujeres les traían la comida como:
-Tomate frito con patatas.
-Patatas con bacalao.
-Garbanzos (cocido, puchero).
-Sopa de ajo.
-Alubias cocidas.
-Gazpachos con chacina de matanza para la
cena.
-Etc. También en el verano se sentaban las
mujeres al atardecer en las puertas de las casas a coser, bordar, hacer punto
o croché y se hablaba de todo un poco y así se fomentaba la convivencia y la
solidaridad entre las vecinas.
Las matanzas donde se mataba un
cerdo y se hacían con ayuda de toda la familia. Mi padre era el matarife de
toda la familia y de algunos amigos y era el que aliñaba las morcillas y despiezaba al cerdo. La
primera pieza que se sacaba era la lengua y la presa para analizar el
veterinario que venía desde Castuera un par de días a la semana. Recuerdo de
haber ido personalmente a analizarlas en el Ayuntamiento y cuando ya llegaba
con las piezas analizadas se hacía el desayuno con migas y la “prueba de
matanza”. El primer día sólo era el
despiece, se picaba, se aliñaba (pimentón, cilantro, patatas y ajos etc.) y
se hacían las morcillas de sangre con arroz, hígado y cebollas. Se lavaban
las tripas con mucha sal y se dejaban secar para el día siguiente. El segundo día las mujeres llenaban las
morcillas y se colgaban y las piezas grandes se ponían en salmuera (Jamones,
tocinos y huesos). Mucho trabajo pero muy divertido para
los niños que siempre estábamos ayudando. Mi mejor recuerdo el comer mucho y
lo bien que se pasaba escuchando a mi primo Flores contando “chascarrillos”
al tiempo que daba vueltas a la manivela de la “maquina de embutir”. Otro recuerdo era cuando se hacían los
fideos porque había un hombre en el pueblo que iba de casa en casa y los
hacía y para secarlos se ponían encima de una sábana tendida. Un recuerdo trágico de la muerte de un
amigo, Perico, electrocutado en la “caseta de la luz”. Fue un día de
primavera cuando un grupo de niños del pueblo (Rafa Calderón que estudiaba
para seminarista y era el mayor, y dos o tres niños más entre los que me
encontraba y tenía sobre unos siete u ocho años) que queríamos coger un nido
de pájaros y fuimos a coger una escalera para subirnos y estando en eso yo
empezaba a subirme cuando llegó Perico que era mayor sobre unos diez años y
recuerdo que me quitó del primer peldaño de la escalera para subir él y
empezó a subir y se agarró a un tubo y en ese momento dio un fogonazo y
Perico cayó todo quemado al suelo y lo vi botar dos veces en la caída.
Salimos todos a correr y yo me fui con Rafael que terminamos en la puerta de
Puchas al que contamos lo sucedido. El pueblo se movilizó pero el médico solo
pudo certificar su muerte. Lo pasé mal. Se celebraron los funerales y luego
nos llamaron a todos los niños al Ayuntamiento a declarar todo lo que pasó.
Mi madre me acompañó a la declaración. Fueron días tristes para la familia de
Perico pero también para nosotros porque a mí el recuerdo de aquella escena
del cuerpo ardiendo no me dejaba dormir. Ante esta situación aconsejaron a
mis padres que para que se me quitaran las pesadillas me llevaran al pozo de
Luis y me hicieran beber agua del pilar donde bebían los animales. Fue un
remedio acertado porque desde entonces no las volví a tener. Sólo me quedó un
temor de encender las luces o tocarlas pero que con el paso del tiempo lo he
superado. También recuerdo a la madre de Perico que cada vez que me veía se
le saltaban las lágrimas y ésto durante mucho tiempo. Mi recuerdo para ella. |
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5.-En lo
religioso: Recuerdos relacionados con la
Iglesia que eran el centro de toda la actividad del pueblo. Asistencia a misas donde las mujeres
iban con sus pañuelos a la cabeza y los manguitos en los brazos. Las más
ricas del pueblo tenían un reclinatorio que estaba al principio de los
bancos. Los niños nos citaban el maestro media hora antes en la puerta debajo
de la Cruz de los Caídos. Solían asistir más mujeres que hombres. La novena de la Purísima donde las
chicas del pueblo ponían una mesa para pedir limosna y había una competencia por ver que
chica recaudaba más.
El coro al mando de la Rosita y Alberto que tocaba un viejo órgano
o piano. La misa del gallo que al terminar
se formaban un corro en la calle para cantar villancicos. La Feria de San José donde todo el
pueblo disfrutaba y ofrecía dulces de "rescardones y galletas" a los numerosos
forasteros de Castuera Por el día de Todos los santos el
monaguillo salía por todo el pueblo tocando “La matraca” y pidiendo para las
“almas benditas” y la gente le daba comida y dinero y el Día de los Difuntos
se tocaban las campanas todo el día con su “Doble de campanas a los
difuntos”. La recaudación de dinero y especies era para el que tocaba
doblando las campanas.
La misa del Domingo de Ramos donde
se bendecían las ramas de olivos que luego después las llevábamos a
pincharlas en medio de los trigales y nos comíamos el “hornazo” (Rosca de pan
con huevo duro dentro y chorizo). La Semana Santa donde los niños el
jueves y viernes no podíamos correr ni escupir en el suelo ni jugar a la
pelota porque se ofendía al Señor. Las comidas siempre eran iguales. El
jueves judía con bacalao y bacalao frito, el viernes potaje de verduras y
bacalao. De cena tortilla de espárragos o habas. La Resurrección cuando se
encontraban en la calle Jesús resucitado y la Virgen y se pegaban tiros de
escopeta al aire a las 12 de la noche. Después quien podía se iban al campo a
comerse una caldereta.
Se celebraba también el
“Comulgar por Pascua Florida” donde había que comulgar y echar en una bandeja
el nombre de cada uno que iba a comulgar. Recuerdo que mi padre tuvo una
discusión con mi madre porque no quería ir pero tenía que hacer el papel de
haber comulgado y como mi madre no lo quería echar mi padre me dijo que le
echara el suyo y así lo hice. En estos años hubo varios años de sequía y se sacaban a los “Santos” en
procesión por los campos y se les cantaba:
“Agua Padre Eterno,
agua Jesús Mío
que se van las nubes
sin haber llovido”.
“El trigo se seca la hierba no
nace
y los animalitos
se mueren de hambre”. Hay que recordar aquí
al Padre Santiago Morillo, jesuita que era el que fundo la misa con rito
oriental-ortodoxo y cuando venía al pueblo decía una misa en la plaza con
este rito. |
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6.-En lo
cultural: Los carnavales de forma informal, sin
disfraces y solo como un coro que cantaban por la calle unas canciones
jocosas y críticas hacia personas o al “Estraperlo” que sacaba el Maestro de
la Villa -A mi tío Agustín:
Alcalde hasta los años 43 más o menos y dueño de un bazar en el pueblo
“Agustín tu eres un cuco
como sabes ir al rastro
y venir cargao chismes
para meternos el taco”.
En las
Fechas Navideñas los niños del pueblo íbamos por las casas pidiendo el
“Aguinaldo” y cantábamos:
“Dame el aguinaldo
carita de rosa
que no tienes cara
de ser tan roñosa
y si no me lo das
y si no me lo das
la campana gorda
de la catedral
que te caiga encima
si no me lo das
y si me lo das
y si me lo das
que pases las Pascuas
con felicidad. Nos solían dar dinero, vino
pitarrero o dulces caseros. Allí no se conocían los polvorones actuales. A mi tío Agustín también le
sacaron un villancico que decía
Al portal de Belén
Agustín se ha acercao
y el niño Jesús le ha dicho
retírate a Benquerencia
que no te vea por aquí
porque pierdo la paciencia. Solo recuerdo el Cine mudo
que echaba una familia que hacia los inviernos en el pueblo y las obras de
teatro que representaban para ensayar la compañía de “Los Picazos” (fueron
famosos ANGEL PICAZO y su sobrino MARIO), alquilaban la casa CALDERÓN, se venían
todos los inviernos al pueblo y preparaban las obras que representaban luego
en las giras de los pueblos y ciudades. Todos los que íbamos a dichas
funciones teníamos que llevar nuestra silla. También las lecturas colectivas por las
noches en mi casa con toda la familia y algunas vecinas en torno al brasero y
comiendo castañas asadas donde se leía a Genoveva de Brabante y el Conde de
Montecristo. Empezaba uno a leer y cuando se cansaba leía otro y había
interrupciones para hacer comentarios de lo leído. Los juegos del parchís que
a mi padre le gustaba mucho. |
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CAPÍTULO II: AÑOS CINCUENTA (DESDE
1950 AL 1960): |
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Estos años fueron muy importantes en lo familiar, lo laboral, lo político,
lo social, lo religioso y lo cultural. Veamos: 1.-En lo
familiar: Dejo de llamarme AGUSTIN porque al sacar
una partida de nacimiento para matricularme en el ingreso del Bachillerato
(Mayo, 1953) sólo aparece el nombre de JUAN ANTONIO y nos damos cuenta que lo
de llamarme Agustín fue porque me bautizó mi prima Sabina y en la Iglesia me
puso sólo el nombre de Agustín
en recuerdo de su padre y por eso me empezaron a llamar así y era sólo
el nombre que tenía. Descubierto el error, doña Maria Velarde
que me preparaba para el ingreso, y vivía en mi casa a cambio de que me diera
las clases de ingreso, empezó a ponerme cantidades de muestras con mi nombre
de Juan Antonio para que me acostumbrase para cuando fuéramos a Badajoz al
examen que aprobé en Junio de 1953. Ya había cuadernos y lápices. La muerte de mis abuelos JUAN PURO Y Mª
JESÚS “LA CORTIJEÑA” y la muerte de mi tío FELICIANO el cura en Villaralto. Recuerdo a mis padres los problemas para
construir una casa en la calle Arriba a la que nos fuimos a vivir sobre el
año 1954. Haciendo adobes y pelando cañas para el techo. Mi hermana estudiando en un Colegio de
Cabeza del Buey y luego en casa con su costura, sus
bordados de hilo y pintura y cosiendo los puntos de las medias de cristal en
un vaso. El casamiento de mi hermana con Pedro
Doctor el 10 de agosto de 1958. Fue una boda que se celebró en el salón del Bar de la casa de Puchas y servido por la
Pastelería Velasco de CASTUERA. Fue la primera boda que se celebró en un
salón y rompió la costumbre de celebrarlas en la casa del novio. Fue una boda
moderna como las conocemos hoy en día con sus pasteles de Alange, sus bebidas
modernas y su tarta Nupcial. Aquí hay que recordar la anécdota del
traje de novia. Como yo estaba en Castuera el día anterior a la boda
estudiando me encargaron que recogiese el traje de novia y luego a las seis
de la tarde me fuese con él en el camión que iba a llevar las bebidas de la
boda. Recogí el traje y en las cuatro esquinas de Castuera me puse a jugar
con unos amigos al fútbol hasta que llegara el camión y el traje lo dejé en
la acera y una mujer que pasó por allí creyó que la caja estaba abandonada y
se la llevó. Cuando llegó el camión me di cuenta de que la caja no estaba y
empecé a llorar y llamé a mi madre por teléfono para explicarle el hecho y
ella me dijo que fuese a casa de Doña María que ella iba a hablar con ella.
El camión se fue y me fui en busca de Doña Maria y juntos nos fuimos al sitio
donde se perdió el traje y preguntamos a todos los comercios de la zona y uno
de ellos nos dijo que había visto a una señora que conocía con una caja
grande y a su casa nos fuimos y la encontramos. Se habló con mi madre y esa
noche me quedé en casa de Doña Maria y al día siguiente muy temprano nos
fuimos a Benquerencia y mi querida hermana pudo ir vestida con su traje de
novia. Fue una boda muy hermosa con dulces del pueblo de Alange y donde yo
probé la cerveza por primera vez. Mis estudios en Castuera y
posteriormente en Badajoz. |
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2.-En lo
laboral: Mi padre seguía dedicado a sus labores
agrícolas a pesar de que a finales de los años cincuenta una sequía grandísima
de varios años acompañada además con una plaga de langosta que arrasó todo el
campo y los pozos de agua. Vi nubes de langosta que tapaban el sol. El agua escaseaba mucho en el verano y
había que ir hasta quince kilómetros (La Nava) a por ella. En las casas el
agua de limpieza era una palangana con dos litros de agua donde nos lavábamos
todos. No obstante se logró sobrevivir. Aprobé el ingreso y empecé a estudiar en
el pueblo con un maestro el primer curso de bachillerato (curso 53/54) y el
segundo (curso 54/55) con una maestra vasca que se dio cuenta de que
necesitaba usar gafas y desde entonces las uso. Después el tercero (curso 55/56) como me
fue tan mal me fui a Castuera al Colegio Libre Adoptado donde estudié de
nuevo tercero (curso 56/57) y me iba todas las mañanas andando con mi amigo PEPE LUIS menor que yo
(5 Km.) con frío, calor y pasando mucho miedo por esa sierra y los meses
peores de Enero y febrero alquilábamos unas habitaciones en una casa de
Castuera y se venía cada mes un familiar para cuidarnos. Después a la ruta diaria de salir del
pueblo a las 7,40 ir andando, llegar a Castuera y a las 9 h. el Colegio por
la mañana y la hora de la comida comíamos en una clase que nos dejaba el colegio
y luego la sesión de tarde de 3 a 6 y a continuación de nuevo carretera a
Benquerencia para llegar sobre las 8 de la noche. Nuestros padres cuando era
ya de noche salían a buscarnos un par de kilómetros. Después nos compraron
unas bicicletas y ya el camino era mas llevadero y se unió con nosotros mi
primo Tomás. La carretera era de tierra y a veces la hicimos llena de nieve. Los exámenes íbamos a Badajoz donde aún
se hacían los exámenes orales puestos uno detrás de otro. Nos llevábamos la comida
de dos pollos fritos, chacinas, huevos duros y tortillas y alquilábamos unas
habitaciones en una casa de la Cándida y allí pasábamos unos días. Al
principio me acompañaba mi madre pero luego ya iba solo con otros compañeros
de Castuera. El cuarto curso lo hice el curso 57/58.
Terminé el Bachillerato y en la Reválida me suspendieron y la estudié de
nuevo en Castuera (curso 58/59) y en Junio la suspendí. Ese verano como mi
padre quería que no siguiese estudiando me mandó a segar las habas de la Muña
y tarde tres días a pesar de la mofa de la gente que pasaba por el camino que
se metían conmigo y me decían: -Esto es peor que
estudiar -Mucho te has segado
hoy -Al segundo y tercer
día ya me vieron que corría menos y la mofa
fue por lo poco que hacía. Pero al fin terminé y mi padre me llevó
con él para ayudarle en la siega y en la era. Después de mi jornada de trabajo, por
las noches, me dedicaba a estudiar y llegó el día del examen en Badajoz y
esperé al día siguiente para recoger la nota. Estando esperando la nota conocí a
EDUARDO LORIDO, después mi amigo, y me preguntó que iba hacer el próximo
curso y le comenté que iba a dejar de estudiar para dedicarme al campo. El me
dijo que quería estudiar Magisterio. Y nos dieron las notas de la Reválida
como Aprobada (Septiembre de 1959). Me rogó que le acompañara hasta la
escuela de Magisterio porque al día siguiente había un examen de ingreso y por el camino me
convenció para que me matriculase con él (9-9-59). Así lo hice y al día
siguiente me examiné y a las diez de la noche me dieron la nota de que había
aprobado y que esa convocatoria era para estudiar oficial y me tenía que
quedar en Badajoz. Llame a la Central de Teléfono y le dije
a la Rosita que dentro de media hora volvía a llamar a mi madre para que
estuviera allí (Era el sistema porque no había en el pueblo nada más que ese
teléfono y el del Ayuntamiento). Así lo hice y le dije a mi madre que había
aprobado el ingreso en Magisterio y que me tenía que quedar a estudiar en
Badajoz. Mi madre se alegró y sin pensárselo me
dijo que me quedara allí hasta que ella fuera a llevarme la ropa y que le
dijera a la Cándida que me diera dinero si lo necesitara. A los dos días se presentó mi madre en
Badajoz y me buscó una pensión donde estuve con mi compañero GASPAR de
Castuera y así empecé Magisterio y fui aprobando curso por curso (59/60,
60/61 y 61/62) |
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3.-En lo
político: Seguía de alcalde Victor del Correillo y
recuerdo que a finales de los cincuenta vino a visitar el pueblo el
Gobernador provincial y terminó la reunión sobre las once de la noche y
cuando fue a salir del pueblo se encontró que habían bloqueado la salida con
unas grandes piedras y tardaron tiempo en poderlas quitar. Se comentó mucho
en el pueblo y se hacían muchas especulaciones sobre quién pudo ser y siempre
se pensaba en la familia opositora “Los conductores”. Una de las cosas que se criticaba del
alcalde era que utilizaba al alguacil (Santiago) del Ayuntamiento para su
servicio ya que lo mandaba a darle de beber a los animales que tenía. Ya en estos años le preguntaba a mi
padre cosas de la guerra y fue cuando me contó lo siguiente: -Que él no era
de nada pero como lo movilizaron aunque no había ido a la mili por ser
huérfano y estaba en zona roja le tocó con el Batallón del “Campesino” de
tendencia socialista y fueron desde Benquerencia hasta terminar en la famosa
batalla del Ebro en Teruel y pasando por las provincias de Castilla y
Levante. A mi pregunta de si era defensor de la República él me contestó que
en la guerra el tiraba tiros porque a él le tiraban también. Muchas anécdotas
sobre las calamidades que pasaron atravesando España y como mataban a
compañeros que querían huir. La Batalla del Ebro dice que fue un
desastre por la mala organización que había entre ellos y que cuando los
jefes vieron que iban a perder les dijeron que se entregaran o se marcharan a
Francia. Mi padre con dos paisanos “El Chache” y Antonio de la Cecilia
tomaron la determinación de pasarse al bando nacional cruzando por una parte
del río que cubría poco y que como él era el más alto ellos iban agarrados a
él y que en ese trance recibió un tiro en la manta que llevaba por el cuello
pero que no le pasó nada. Llegaron a la otra orilla y se entregaron a unos
moros del Bando Nacional donde dice que los trataron muy bien y los
consideraron como prisioneros de guerra y los mandaron a Burgos para su
clasificación según los informes de los pueblos y a él luego lo enviaron al
Ferrol y estuvo allí hasta que llegaron los informes de Benquerencia y
regresó al pueblo. Entonces comprendí el “pacto de sangre”
que había entre mi padre, el “Chache” y Antonio de la Cecilia que todos los
años sobre el mes de noviembre venían a mi casa una noche y se tomaban unas
botellas de vino pitarrero que había hecho mi padre. Esta costumbre la
recuerdo hasta que se marcharon del pueblo a Madrid con sus respectivas
familias. También recuerdo que un día le pregunté sobre
como era la República y el me contó la anécdota del “Pozo de Luis”: Este pozo en tiempos de la República le
ocurrió que el partido que gobernaba en el pueblo le ponía un brocal nuevo y que
cuando subieron a gobernar la oposición le quitaron ese brocal y lo cambiaron
por otro y así sucesivamente. Tan solo me hizo un buen comentario
político cando me habló de la Dictadura de Primo de Rivera que por lo visto
hizo todas las carreteras de alrededor aunque de piedras y tierra. Luego no me hizo más comentarios
políticos hasta los años sesenta.
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4.-En lo
social: Recuerdos de amigos de mi edad dejando
ya los juegos infantiles y paseando con las niñas de nuestra edad en la calle
Corredera por la zona de casa de “Tarrán”. En Castuera haciendo amigos del Colegio
y jugando los ratos de recreo por aquellas calles de alrededor. Días de pesca en la Serena con cal viva
y las hierbas que llamábamos “paraguas” (que es donde se saca la cicuta),
caza de lagartos y ranas, persecución de perdigones. Todas estas actividades
acompañadas de comilonas. El juego de la Lotería en el salón de
Puchas. |
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5.-En lo religioso: En estos años se repetían los actos de
los años anteriores pero fue en este período donde viví ya la fiesta
principal de Benquerencia que era “SAN JOSÉ” el 19 de Marzo y donde pude
disfrutar de las fiestas que duraban tres días y venían miles de personas de
Castuera por devoción al Santo y a cumplir las promesas hechas. Se organizaban dos bailes y tanto estos
como las calles estaban muy llenas de personas que apenas podían andar por
las tiendas de feriantes. Mi madre para esos días hacía dulces caseros
(rescardones, galletas, magdalenas, perrunillas y roscos) que ofrecía a las
personas conocidas de Castuera que venían a saludarnos. |
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6.-En lo
cultural: Lecturas de novelas de los viejos en los
sitios que daba el sol y se resguardaban del frío (Roque, Elias ...etc) y los
recuerdo leyendo las novelas del Oeste de Marcial Lafuente Estefanía y usaban
los mismos modos que vi en mi casa cuando se leían esas novelas referidas
anteriormente y los pequeños diálogos sobre lo leído. Mis colecciones de TBO del Capitán
Trueno, el Jabato y Mortadela y Filemón. Las novelas del Oeste. Mis estudios en Castuera y mis exámenes en
Badajoz hasta el año 1958 que ya me fui a estudiar Magisterio a Badajoz y empecé
1º y 2º (Cursos 58/59 y 59/60). Primero en una Pensión en la Calle Barrantes
y el 2º en casa de mi tío Agustín. |
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